Ferruccio Lamborghini, el ‘tractorista’ que irritó a Il Commendatore

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¿Un fabricante de maquinaria agrícola enmendándole la plana al magnate de la velocidad? La discusión más célebre de la historiografía automovilística acabó sacando de toriles a la marca del Raging Bull, con la que Ferruccio Lamborghini quiso demostrar que él podía hacer deportivos mejores y más rápidos que los de Maranello. Enzo Ferrari primero le despreció, y luego le retiró el saludo, señal de que el taurófilo empresario no había pinchado en hueso. Ésta es su historia.

El pasado 28 de abril se cumplió un siglo del nacimiento -bajo el signo de Tauro- de Ferruccio Lamborghini (Renazzo, Ferrara, 1916 – Peruggia, 1993), el hijo de unos viticultores de la Emilia-Romaña cuya osadía le iba a llevar a disputar el trono de la industria automovilística de los grandes deportivos a Il Commendatore Enzo Ferrari. Desde la compañía le definen como un hombre “hábil, impetuoso y resuelto”. Modesto no era: dijo que fabricaría el mejor superdeportivo de la historia. (más…)

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‘El año más violento’: Un justo en Sodoma

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En el año con más robos, violaciones y asesinatos de la historia de Nueva York, el empresario Abel Morales está a un paso de lograr el sueño americano sin disparar una bala ni pagar una mordida. O eso cree. Para ello deberá progresar dentro de un sistema lleno de trampas y que impregna de corrupción los cimientos de todo vínculo. Al contrario que Lot, que huye sin mirar atrás cuando comprende que Sodoma está perdida, Morales elige quedarse.

Si decides luchar en una piscina de barro ninguna de las opciones con que cuentas termina contigo inmaculado. En El año más violento, tercera película de J. C. Chandor –cuya opera prima fue la estupenda Margin Call– esa piscina es Nueva York durante el convulso 1981. El ingenuo o temerario que opta por luchar es Abel Morales, interpretado por el últimamente ubicuo Oscar Isaac –que sustituyó al elegido Javier Bardem, a quien quizá el papel de empresario íntegro le habría supuesto un reto interpretativo mayor que meterse en la piel de un unicornio–. (más…)

Perico Chicote, el encantador de la intelectualidad

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Le bastó su savoir faire y una coctelera para convertirse en uno de los madrileños universales del siglo XX. Adelantado de las relaciones públicas y pionero del catering, por el museo de Perico Chicote en la Gran Vía pasaron los actores más célebres, los Nobel más hedonistas y hasta el mismísimo Eisenhower. Falleció en plena Transición, después de haber creado 500 cócteles, escrito ocho libros y sentado cátedra en el “Decálogo del barman perfecto”. Aunque lo que él siempre recomendaba era vino tinto con sifón.

Decía Santiago Rusiñol: «En España populares, lo que se dice populares, no hay más que algunos políticos y algunos toreros y futbolistas. Un barman iba a batir una nueva marca y a imponer la sonrisa, no solamente comercial». Una sonrisa con la que Pedro Chicote iba a disputar durante varias décadas del trasteado siglo XX portadas de periódicos y spots publicitarios a celebridades hasta entonces más convencionales. (más…)

Del monorraíl a ‘The Homer’: tres emprendedores extravagantes de Los Simpson

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«Intentar algo es el primer paso hacia el fracaso», dice Homer, pese a que Springfield y todos sus habitantes parezcan inmersos en una gran incubadora de negocios. Qué duda cabe de que, tras 27 años y cerca de 600 capítulos, todo está en Los Simpson. Evidentemente, también los empresarios. Empezando por los propios Simpson y su insólita vocación emprendedora que, entre otras ocupaciones, ha llevado al cabeza de familia a liderar una empresa de quitanieves, administrar una feria o comerciar con grasa; a su mujer, a la venta de pretzels –financiada irregularmente por la mafia– o a la gestión de un gimnasio femenino, y que incluso ha tenido a Lisa como accionista de una infame planta de reciclaje.

En realidad, pocos son los trabajadores por cuenta ajena de un Springfield plagado de propietarios: desde el arquetípico empresaurio que representa Montgomery Burns hasta el afanoso Apu, pasando por el vendedor friki de la tienda de cómics, el avaro estafador Moe Szyslak o Ned Flanders y su tienda para zurdos. Todos ellos darían para una serie larga de posts, pero me centraré en tres secundarios célebres y que reflejan diferentes “versiones” emprendedoras hacia el éxito. O hatajos, según el caso. (más…)

La locura animada de Walt Disney

Walt Disney, en una playa de Brasil.

«Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar… decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas». De este modo iniciaba una reflexión sobre su vida un tal Walter Elias Disney (1901-1966), cuarto de cinco hermanos de una familia humilde que pronto se trasladaría a Marceline (Misuri) desde su Chicago natal, para trabajar en una granja. El niño Walt viviría allí sus días más felices, y allí se despertaría su afición por el dibujo.

Poco después de instalarse su padre contrajo unas fiebres tifoideas que les obligaron a marcharse e instalarse en Kansas City, donde Walt le ayudaría repartiendo periódicos. Nunca fue un buen estudiante. A los 17 años abandonó el instituto para enrolarse en la Marina y combatir en la Gran Guerra, si bien al no tener la edad suficiente, acabaría en el cuerpo de ambulancias de Cruz Roja –donde coincidiría con Ray Kroc–. Le trasladaron a Europa pero el conflicto terminó antes de iniciar su misión, por lo que unos meses después solicitaría su regreso a EE UU, ya con una idea en la cabeza: ser dibujante del Kansas City Star, el diario que había repartido de pequeño. (más…)