Historias empresariales

Ferruccio Lamborghini, el ‘tractorista’ que irritó a Il Commendatore

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¿Un fabricante de maquinaria agrícola enmendándole la plana al magnate de la velocidad? La discusión más célebre de la historiografía automovilística acabó sacando de toriles a la marca del Raging Bull, con la que Ferruccio Lamborghini quiso demostrar que él podía hacer deportivos mejores y más rápidos que los de Maranello. Enzo Ferrari primero le despreció, y luego le retiró el saludo, señal de que el taurófilo empresario no había pinchado en hueso. Ésta es su historia.

El pasado 28 de abril se cumplió un siglo del nacimiento -bajo el signo de Tauro- de Ferruccio Lamborghini (Renazzo, Ferrara, 1916 – Peruggia, 1993), el hijo de unos viticultores de la Emilia-Romaña cuya osadía le iba a llevar a disputar el trono de la industria automovilística de los grandes deportivos a Il Commendatore Enzo Ferrari. Desde la compañía le definen como un hombre “hábil, impetuoso y resuelto”. Modesto no era: dijo que fabricaría el mejor superdeportivo de la historia. (más…)

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Perico Chicote, el encantador de la intelectualidad

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Le bastó su savoir faire y una coctelera para convertirse en uno de los madrileños universales del siglo XX. Adelantado de las relaciones públicas y pionero del catering, por el museo de Perico Chicote en la Gran Vía pasaron los actores más célebres, los Nobel más hedonistas y hasta el mismísimo Eisenhower. Falleció en plena Transición, después de haber creado 500 cócteles, escrito ocho libros y sentado cátedra en el “Decálogo del barman perfecto”. Aunque lo que él siempre recomendaba era vino tinto con sifón.

Decía Santiago Rusiñol: «En España populares, lo que se dice populares, no hay más que algunos políticos y algunos toreros y futbolistas. Un barman iba a batir una nueva marca y a imponer la sonrisa, no solamente comercial». Una sonrisa con la que Pedro Chicote iba a disputar durante varias décadas del trasteado siglo XX portadas de periódicos y spots publicitarios a celebridades hasta entonces más convencionales. (más…)

La locura animada de Walt Disney

Walt Disney, en una playa de Brasil.

«Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar… decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas». De este modo iniciaba una reflexión sobre su vida un tal Walter Elias Disney (1901-1966), cuarto de cinco hermanos de una familia humilde que pronto se trasladaría a Marceline (Misuri) desde su Chicago natal, para trabajar en una granja. El niño Walt viviría allí sus días más felices, y allí se despertaría su afición por el dibujo.

Poco después de instalarse su padre contrajo unas fiebres tifoideas que les obligaron a marcharse e instalarse en Kansas City, donde Walt le ayudaría repartiendo periódicos. Nunca fue un buen estudiante. A los 17 años abandonó el instituto para enrolarse en la Marina y combatir en la Gran Guerra, si bien al no tener la edad suficiente, acabaría en el cuerpo de ambulancias de Cruz Roja –donde coincidiría con Ray Kroc–. Le trasladaron a Europa pero el conflicto terminó antes de iniciar su misión, por lo que unos meses después solicitaría su regreso a EE UU, ya con una idea en la cabeza: ser dibujante del Kansas City Star, el diario que había repartido de pequeño. (más…)

Roy Raymond, el ángel caído de Victoria’s Secret

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La única fotografía pública de Roy Larson Raymond.

El fundador de Victoria’s Secret no llegó a presenciar el catwalk más angelicalmente sexy del mundo. Quizá hubiera sido demasiado para este empresario cuya timidez fue clave a la hora de crear un negocio de éxito, y que luego vendería por una milésima parte de lo que iba a valer sólo una década después. Pese a intentarlo, Roy Raymond nunca volvería a tener suerte en los negocios. Arruinado y deprimido, se arrojaría desde el lugar predilecto de los suicidas, el Golden Gate, hace casi 22 años. (más…)

Phineas Barnum, inventor del circo ‘freak’

Phineas Barnum 1 Considerado el gran showman americano de los últimos 150 años, este astuto empresario y político conservador fue el maestro de ceremonias de un museo de los horrores con el que hizo fortuna. El truco: una innata habilidad para entretener a los demás con patrañas y provocaciones. Pasen y vean.

«Soy un showman por vocación, y el dinero no me convertirá en nada mejor», decía Phineas Taylor Barnum (1810-1891), pese a que su último objetivo fue siempre «llenar los bolsillos». De vivir hoy «sería una mezcla de Walt Disney y Donald Trump», señala la directora del Barnum Museum, Kathleen Maher. En cuanto a referencias patrias, pongamos a un Javier Sardá o un José Luis Moreno, salvando –claro– las oceánicas distancias en cuanto al talento. (más…)